Sin ayuda del hombre

Hace muchos años descubrí como la naturaleza es asombrosa por sí misma. Cuanto menos se explota, más nos sorprende su belleza.

Son lugares perfectos intocables, con colores intensos pintados con un fino pincel por la madre naturaleza, -que debe tener muy buen pulso todavía-.

Zonas que trasladan tu imaginación a un punto indescriptible donde te sientes completamente liberado.

Como si de un cuento tratase, tengo la suerte de conocer un bosque encantado, una costa blanca, una duna gigante y un volcán en erupción. 
Vayamos por partes…


Tras un inolvidable roadtrip por tierras Galas, paramos a conocer la “Dune de Pyla”, un gran banco de arena oceánica situado frente a la costa Atlántica que tapa cualquier posible visión. 
Subiendo por ella y tras mucho escalar, llegas a la cima donde encuentras el contraste con el azul del mar. 
Recuerdo como si fuera ayer la emoción por llegar arriba y el querer quedarme horas y horas observando aquello.

La panorámica era espectacular, mirabas a un lado y encontrabas un bosque, que el pobre no se podía imaginar lo que había detrás de la duna. La bajada fue aun más divertida, la propia inclinación te hacía bajar pegando saltos y cayendo de culo en la arena unos metros más abajo.

Le Dune du Pyla


Siguiendo en las alturas, en Guatemala conocí el Volcán Pacaya, que además estaba en plena erupción. Los cinco a caballo, intentábamos acercarnos lo máximo posible al volcán hasta que el terreno se cubrió de ceniza volcánica y tuvimos que continuar a pie. 
En llegar al cráter tardábamos un rato, pero merecía la pena. A medida que nos acercábamos podíamos notar el calor en nuestras suelas, e incluso cómo iban derritiéndose. Estábamos tan cerca del cráter que parecía que se me quemaban las pestañas. Saltábamos entre los ríos de lava y veías como una lluvia de piedras iluminadas caían hacia abajo por la gravedad ofreciendo un espectáculo precioso.


Volcán Pacaya

Scala dei Turchi es MI costa blanca, lejos de pensar en la española, aunque las dos estén bañadas por el mediterráneo.

Unas horas de viaje y 5 aventureras cansadas tras un buen día de turismo. “Tenemos que ver la puesta de sol más bonita de Sicilia” decía una… y así fue, nos sentamos a escuchar el silencio de las olas, anonadadas por esas vistas espectaculares.
Scala dei Turchi es una roca blanca de piedra caliza con forma sinuosa al lado del mar. La erosión ha hecho que acabe siendo como una plataforma ascendente que destaca en contraste con el color del mar. Merece la pena subir para sentarse allí y disfrutar de la brisa marina y el azul infinito del agua.


Scala dei Truchi

Al bosque encantado le llamaremos Riserva dello Zingaro. El cielo, bajo orden expresa de mi corazón, nos había regalado un tiempo de escándalo. Ni una nube en el horizonte y una temperatura estupenda.
Es una reserva natural a una hora y media de Palermo, el verde de las plantas, el azul del agua siciliano que nos había perseguido durante todo el viaje, lagartijas fosforitas, flores color magenta y hasta el marrón de la arena que pisábamos se merece una mención en el post.

Riserva dello Zingaro


No hay mejor obra de arte que la naturaleza en estado puro.


  

Sobre el autor

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Ella es una persona creativa, divertida, que sueña despierta y que adora romper las reglas. Le gusta el diseño, la creatividad y los detalles que marcan la diferencia. Este blog estimula las pequeñas inquietudes que un grande debe tener. "Por que, las noches que contienen sueños, son noches que duran días."

2 Comments

  1. Pingback: Zhangjiajie, las montañas de Pandora - Uranita

  2. Cómo me alegra ver que en dos de los paraísos que mencionas he estado contigo. Ya sabes que el mejor sitio no es nada si no estás en buena compañía y nosotras tuvimos la suerte de tenerlo todo.

    M

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