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Soy

Soy de esas chicas pluscuamperfectas que no se va a la cama sin haber cumplido varios de los objetivos que no solo me marca el iWatch sino la tranquilidad.

Soy de esas que sabe que ser feliz empieza por mi misma. Que no hay dietas, pastillas, ni soluciones milagrosas, sino ganas.

No soy psicóloga ni todóloga ni mucho menos, pero la verdad es que últimamente me paso el día curando hipermetropías sentimentales y reponiendo Jaggers.

No soy de mucho tacon porque no me hace falta ponerme a la altura de nadie más, aunque los usaría para llegar a la balda de los cereales más cómodamente. Pero no.

No me vuelvo loca los Jueves, cambiandoles el nombre, pero si al Viernes cuando le quito la R. Porque soy de las que piensa que la atracción no es amor, ni un beso un contrato. Y soy de las que diferencia entre besar unos labios y saborear un alma.

Me gusta pensar que la vida es aprendizaje, y que lo más importante te lo enseñaban de pequeña, porque ahora ya nadie va a explicarte muchas de las dudas que tienes en la cabeza, sino que tu misma vas a encontrar la solución o ha buscar la receta en el Hospital Cínico.

Esto es todo amigos.

Feliz 2017

Dolce Far Niente

Hace unos días fui al medico por unas manchas en la piel que, viniendo de unas vacaciones entre mar y selva todo indicaba a que podría ser una picadura de algo raro. Pues no, la doctora me miró unos 10 segundos y me dijo: Estas muy cansada, relájate y aprende a aburrirte y solo así se te quitarán las manchas.

Pagar en un hospital privado para que me dijera esto me cabreó, pero sobretodo me dejó descompuesta con su respuesta después de haber estado 20 días más que relajada… Y es que ahora resulta que lo verdaderamente difícil es no aburrirse. Que los doctores incluso lo recomiendan. Que no vale con irse a 20.000km de donde vives, que lo que tienes que hacer es, nada. Deja el móvil niña, que no hay internet, no hace falta leer, ni ver la tele. Desconecta.

Decía Enrique Vila-matas que: “No hacer absolutamente nada es la cosa más difícil del mundo, la más difícil y la más intelectual”. Leer más

Escucha

Escúchalo todo, al de arriba, al de abajo, al más sabio y al más tonto. Tu escucha, no pares, porque este es el mejor consejo que alguien te podrá dar, porque escuchar es dejar que la vida te entre por todos lados, que el cerebro respire y que entren nuevas ideas en forma de aire fresco. Reciclarse.

Es terapia, es pensar en ellos y dejar de escucharse. Escucha las entre lineas, las miradas, los gestos y el silencio.

Los que escuchan son los que luego acaban triunfando, porque se anticipan a las necesidades, y ellos mismos son los que se dan cuenta de que se pueden cambiar muchas más cosas haciendo reír que haciendo llorar.

Por que hay una linea muuuy fina entre escuchar y oír. Al igual que hablar no es comunicar, ni mirar es ver, ni tener fortuna es tener dinero, ni ser feliz es tener sonrisas, ni enamorarse es ser correspondido, ni caerse es siempre levantarse, ni sentir es siempre llorar…

Bienvenidos al rincón de pensar…

La sencillez que enamora

Pasan los días, las semanas, los meses y sigue oliendo a esfuerzo mal encaminado, a tiempo perdido y sigues llegando a la pista con la lengua fuera por no haber leído las bases del concurso. Y ahí es cuando te das cuenta de que no hay que intentar serlo todo, ni intentarlo tan fuerte todo, porque lo sencillo es lo natural, lo real, lo que te hace ser tu mismo y sacar tu personalidad sin salir a la calle a disfrazarte.

Con el tiempo, te irás dando cuenta que no hace falta recargar los ambientes ni retar al aire frío que entra en el salon. Aquí estamos en contra de “forzar” e “interpretar”, porque hace ilusión cuando las cosas sencillas representan más de lo que esperas sin buscar el éxtasis ni el frenesí compulsivo. Cuando aprendes que el resultado es la improvisación perfecta, la normalidad sincera, humildad espontánea y un sin fin de juegos de palabra complicados pero “sencillos”.  Leer más

La gente bonita

Son esas que hacen tu mundo fácil y permanecen. Son las que te reconfortan, te sacan sonrisas, te sosiegan y te mantienen fuerte en la vida.

No son guapos, ni altos, ni listos, sino sinceros. La gente bonita es la que te aprieta la mano y te mira a los ojos. Ni qué decir, que cuando te tienen que decir “Tu perra inmunda” o destapar la caja de los recuerdos amargos lo hacen con una botella de vino, nada de pócimas mágicas ni secretos a la luz de la luna.

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Sobre dejar huellas y no cicatrices

Es cursioso con qué facilidad olvidamos lo que nos hace feliz. Porque lo fuiste, recuerdas? Hubo un tiempo en el que fuimos felices, muy felices! Unos de cerca, otros de lejos, unos menos y otros más.

Nos hicieron creer en el amor, conocer el éxito, respirar felicidad, y comernos a besos. Nos hicieron creer que todo eso existía y que para colmo, era fácil. Incluso que soñar despierto era absolutamente gratis, cuando la realidad estaba a la vuelta de la esquina esperando para darte un par de leches bien dadas. Nos hicieron creer que si no tienes voz puedes cantar, y que si no tenías piernas, podías andar… Leer más

A ti

La vida va tan de prisa, que a veces olvidas parar para coger aire, a veces olvidas como suena el silencio o a veces ni siquiera recuerdas como era tu nombre.

Se que llevas grabadas en tu piel cada una de nuestras necesidades y que desde enero hasta diciembre vives para que tengamos todo aquello que luego nos haga sonreír a los cuatro.

Las luces de este planeta sólo viven para alumbrar tu gran obra, para mostrarnos que el mundo nunca se acaba ante un problema y para enseñarnos que pase lo que pase tu siempre estarás ahí cayendo al precipicio por nosotros; y nosotros, en silencio siempre te intentaremos demostrar que acabaremos con cualquier marea que ahogue tus ojos, y lucharemos contra todo incendio que acabe con tus fuerzas, recordándote que nunca, en ningún lugar, nadie te podrá remplazar.

Queremos ser el motivo de tus sonrisas, el sonido de tu risa, y la sequía de tus lagrimas. No quiero que pienses que el tiempo vuela más rápido que lo que dicta este reloj y tampoco quiero que te asuste el futuro por muy impredecible que sea, ni por muchas aventuras que nos prepare. Si, aventuras… Tú que nos hablas de aventuras desde hace años… Leer más

Y no dormiré para descansar, sino para soñar…

Si llegara a vieja me gustaría hacerlo super arrugada. Como una pasa o nivel Shar Pei. Me gustaría que los ojos se me hundieran por el peso de todo lo que han visto y que mi boca fuera grande para poder hablarles sólo de lo importante. Ni de política ni, de mi. Hablaría de que los elefantes no hacen ruido al andar, o que pellizcarte el codo no duele, y me gustaría que el resto de ruidos fueran de la brisa que hace mientras nieva o del de los troncos al quemar.

Si llegara a vieja me gustaría cerrar los ojos y recordar mis diez, veinte, treinta, cuarenta… Y mirar a los míos sabiendo que ya solté todo lo que quería contar y todas las burradas que hice para que las volvieran a repetir, sin ticket regalo.

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Me pregunto…

Me pregunto si te acordarás de nuestros besos de buenos días, nuestros paseos, de nuestras charlas en la terraza, de las tardes de toros, de nuestras citas en el ordenador, de cuando me enseñabas tu parte más artística, del vaso de agua estratégicamente colocado en la cocina para distinguir de quien es cual, de tus canciones y de cómo las tarareabas, de sentarte a comer a mi derecha, de mi mote, de mi comida favorita, de mi lado de la cama, de cuando me recogías en la universidad o cuando me ayudabas con los recados, de cuando le dabas de comer a escondidas… Me pregunto si sigues madrugando cada día y paseando al despertar, o haciendo es

os bocadillos de aceite y jamón. Me pregunto si el tiempo te ha borrado mis te quieros, los tuyos, los suyos, mi olor, el de tu toalla, el de tu perfume, el de tu desodorante, o si podrías volver a escribir una de esas cartas tan bonitas y motivadoras. Me pregunto si aún sigues con la idea de abrir una papelería en el desván, si sigues contestando al teléfono con un “que hay” o de si sigues dando esas propinas tan generosas. Me pregunto si te acuerdas de los martes, de compartir el sofá negro, de las comidas de fin de semana partiéndonos la caja, de Barcelona, del significado de paralaje, de nuestras anécdotas, de las tuyas, de las mías… Me pregunto si me lees, si has intentado llamarme, si me sigues o si miras mi foto del Whatsapp… Me pregunto si tus palabras siguen siendo tan sabias, tu mirada tan sincera, y tu olor tan puro. Me pregunto si sigues iluminando el camino de los demás y sigues pensando que vivir es un placer…

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Lo bonito que es odiar, y sonreír

Hace poco leí que una de las lecciones de la vida es aprender a odiar, pero a odiar bien, a odiar con amor, sin violencia, pero irracionalmente. A poder tener el derecho de levantarte un día y odiar a tu vecino porque te sonría en el ascensor, al del semáforo porque arranque antes que tu o a simplemente, cogerle asco por un día a Ana Pastor, a Sergio Ramos, a los flipados del gym, a los ejecutivos que se toman las comidas con calma, a Pablo Iglesias, a las estupendas de Coachella o las películas de Trueba… sin que ello te haga sentirte mal y notando lo libre que eres y lo que descargas cagándote en ellos por un rato. “¿Terapia? Seguro Doctor… Pero con cuidado no quiera acabar en el Hospital Cínico”. Bien, después de esto ya puedo volver a mi puesto de trabajo y sonreír al Excel durante 8 horas.

La importancia de tener un mal día no quiere decir nada más que reconoces los que son buenos. Y es que realmente, nadie nos enseña esta parte de la vida. En las putas películas de Disney no hay odio, si malos, pero no odio. 28 primaveras después seguimos creyendo en los finales felices y en los Érase una vez… Y no te das cuenta que si cenicienta tenía que irse a las 12 era porque se iba de Rave…

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